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Paro armado, la vergüenza del Gobierno

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  Nuevamente, nuestra Comunidad de Paz, acude a la humanidad y a la historia para dejar constancias de nuevos hechos perpetrados conjuntamente entre paramilitares y Estado.   Nuestra región, continúa en un círculo vicioso donde el estado y el paramilitarismo es la principal droga que; somete, amenaza, tortura, controla y mata la vida social y campesina. Es la voz del paramilitarismo la que se impone a todas anchas, en la cual toda la población debe obedecer sus directrices o asume las consecuencias. ¿Hasta cuándo el Gobierno va a permitir que se siga controlando al que humildemente cultiva la tierra para el sustento de sus familias y del país? Es una vergüenza, estos gobiernos de turno, tras sus mandatos, dejan cientos de miles de violaciones al derecho internacional humanitario, entre ellos, los líderes y lideresas asesinados en los últimos meses en el país, quedando las víctimas condenadas al olvido y a la impunidad absoluta. ¡Que dolor!   Hoy, el paramilitarismo sigue sien

REVIVIENDO NUESTRO CALVARIO

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En este período en que el mundo cristiano recuerda la pasión de Cristo, nuestra Comunidad de Paz, siguiendo una tradición que se remonta a sus primeros años de existencia, siguió los pasos de la pasión, particularmente el Viernes Santo, relacionándola profundamente con la pasión y muerte sufrida por numerosos integrantes de nuestra Comunidad. Este año descendimos desde la Aldea Ecológica Rigoberto Guzmán, pasando por las veredas de La Unión y El Cuchillo hasta llegar a nuestro centro comunitario San Josecito. Revivimos memorias escalofriantes que nos volvieron a revelar el horror de la crueldad y barbarie de que es capaz nuestro Estado colombiano, con sus métodos de tortura, de montajes, de mentiras, de calumnias y de muerte, que en nada se diferencian de Poncio Pilatos y su soldadesca romana o de las guardias asesinas del Sanedrín judío. Al recorrer este camino de sufrimiento y dolor que varios de nuestros hermanos atravesaron, sentimos que sus vidas y su legado resucitaban en nosot

El tiempo no pasa sin dejar huellas

Nuevamente nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se ve en la obligación ética y moral de dejar constancia de lo que vivimos y padecemos.  En los últimos días hemos tomado consciencia de que ha transcurrido ya nuestro primer cuarto de siglo como Comunidad de Paz. Ello nos obliga a echar miradas retrospectivas para comprender las vueltas y encrucijadas de nuestro caminar. Los sobresaltos y los temores no cesan, pero no buscamos solo tranquilidad sino ante todo coherencia y rectitud. Seguimos cercados y amenazados por el paramilitarismo, algo que cada vez se revela más evidentemente como fuerza de Estado, con todas las protecciones que es posible imaginar. Actúan a la luz del día, amenazan a todo el mundo y nada temen porque los protege el Estado. No podemos callar sino hacer que todo esto se conozca. Hoy queremos dejar constancia de los siguientes hechos: ·         Desde  las últimas semanas del mes de febrero de 2022 , se ha venido presentando una fuerte persecución de recono

MEMORIA QUE NO SE BORRA

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  El pasado 21 de febrero nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se congregó nuevamente, en una peregrinación que tuvo amplia participación, en los lugares marcados por el martirio, en las veredas de Mulatos Medio y La Resbalosa. Allí, el 21 de febrero de 2005, 17 años antes, fueron masacrados con horrenda sevicia, por agentes directos e indirectos de este Estado criminal, sigilosamente coordinados y distribuidos, siete integrantes de nuestra Comunidad de Paz y un trabajador que ayudaba en la cosecha del cacao.  Como en los 16 años anteriores, los peregrinos se dieron cita en los lugares de cada matanza, a la hora precisa en que, según los testigos sobrevivientes, ocurrieron los hechos de barbarie. Se iniciaron los actos conmemorativos a las 7:30 de la mañana junto a la ermita de Mulatos, construida en el sitio donde el líder histórico de nuestra Comunidad de Paz, LUIS EDUARDO GUERRA, fue asesinado con machetes y garrotes, así como su compañera BELLANIRA AREIZA y su hijo de 1

Prepotencia, silencio y muerte: rasgos del dominio paramilitar

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  El asesinato de Huber Velásquez, el pasado 17 de diciembre de 2021, en la vereda La Balsa de San José de Apartadó, tiene características que revelan la extrema gravedad a que ha llegado el dominio paramilitar en la región y sus relaciones con las instituciones, con el Acuerdo de Paz, con el modelo de desarrollo y el modelo de sociedad dominante. No fue un simple episodio de violencia a los que la población de la región se ha acostumbrado tras muchas décadas de terror. El contexto inmediato fue la pantomima de pavimentación de dos kilómetros de vía entre Apartadó y San José. Un grupo de pobladores de la vereda La Balsa decidieron hacer la Veeduría ciudadana y descubrieron horrores de corrupción: viviendas averiadas y no reparadas, materiales ineptos, calidad muy baja de la obra no obstante su elevadísimo costo que escandalizó a un diputado de la región. Esta veeduría no fue aceptada porque ya existía una veeduría registrada en la Personería; sin embargo, el grupo de Veeduría de La B